En el matrimonio, como los lobos

Efesios 5.21

De tanto en tanto, encontramos en la Biblia invitaciones para aprender de los animales. Proverbios 6.6; 30.25ss v.gr. Por ello es que hoy propongo que los matrimonios, el esposo y la esposa, tenemos mucho que aprender de los lobos, especialmente cuando estos cazan, es decir, cuando enfrentan el reto de su supervivencia. Son dos las principales características a tomar en cuenta: La primera, su instinto de manada y de ahí la colaboración que les distingue. La segunda, que mientras persiguen a su presa corren en fila india alternándose cuando el lobo que va al frente se fatiga.

Conviene considerar la expresión instinto de manada. En tratándose de los animales se dice que el instinto es un conjunto de pautas de reacción que contribuyen a la conservación de la vida del individuo y de la especie. En tratándose de las personas se define como instinto un móvil (un impulso), que resulta de una acción o un sentimiento que obedece a una razón profunda, sin que quien lo realiza o siente tenga consciencia de ello.

La Biblia dice que cuando un hombre y una mujer se unen, los dos se hacen uno, dando así a luz una nueva persona, la pareja. Génesis 2.24; Marcos 10.8 Es decir que, sin desdibujar la dimensión individual de cada uno, tanto el esposo como la esposa adquieren la consciencia de ser uno. En este andar unidos es que la pareja encuentra tanto el sentido de su existencia como la capacidad para complementarse y alcanzar sus objetivos, tanto los individuales como los de pareja.

Dada la unión mística que los pone en el mismo lugar vital, pueden hacer y dejar de hacer aquello que garantiza y fortalece su unión hasta de manera inconsciente, animados por su instinto de pareja. Es decir, hacen lo que es propio de ellos como individuos, pero también como integrantes de esa nueva unidad vital que es la pareja. Desde luego, a mayor consciencia de ser pareja, mayor la motivación y la posibilidad de reaccionar de manera instintiva ante los retos que enfrenta su relación. A diferencia de los animales, los miembros de la pareja eligen no elegir cuando se trata de aquello que puede atentar contra la conservación de su relación. Es decir, de manera consciente han establecido sus valores personales y conyugales por lo que pueden reaccionar instintivamente ante los disparadores internos y las motivaciones externas que atentan contra su identidad y la de su relación única.

La segunda cosa que podemos aprender de los lobos es el principio de alternancia o rotación que siguen cuando corren para obtener su alimento. Se dice que todo cambia nada permanece, lo único constante es el cambio. Esta es la realidad del matrimonio. Ana Delia asegura que cada día amanecemos con un esposo, o una esposa, diferente. Distinto al del día de ayer y al del día de mañana. Y es que no siempre somos, hacemos y podemos lo mismo. Nos cansamos, cometemos errores, perdemos el rumbo, lastimamos y nos lastiman, creemos, perdemos la esperanza, etc.

Los lobos, animados por su instinto de manada, reubican al cansado, al lastimado, al que no puede cumplir la función que le corresponde, pero no lo expulsan de la manada ni lo abandonan. En algunos casos hasta renuncian a seguir tras la presa para mantener su integridad de grupo. Me parece que esto es el equivalente al modelo de relación matrimonial que el Apóstol establece en Efesios 5.21: … sométanse unos a otros por reverencia a Cristo. El Eclesiastés (4.9-12), nos exhorta a privilegiar la unidad aún en el fracaso, en la adversidad, en la tragedia. Nos recuerda que es mejor ser dos que unoporque si uno cae, el otro puede darle la mano y ayudarle.

Los lobos confirman que las relaciones nunca terminan, se transforman. Cuando cae el que va adelante, su rol cambia y pasa de líder a seguidor. El que ayudaba se convierte en el ayudado. El que seguía se convierte en el que dirige y el que recibía en el que da. Todo para preservar la unidad y en ello, la viabilidad del proyecto familiar.

Abro un paréntesis aquí para decir que ni siquiera cuando la pareja se divorcia la relación termina, esta solo se transforma. Aún puede darse aquello de la relación de la no relación, pero esta es solo la transformación del cómo se relacionan entre sí los que fueron pareja. (Basta leer los estados del WhatsApp y de Facebook para confirmar mi propuesta.) Cierro el paréntesis.

Hemos aprendido, estamos aprendiendo, a asumir como ordinario lo que es, en realidad, lo extraordinario: la renuncia a honrar el compromiso matrimonial. Ricardo Cisneros asegura que las causas principales del divorcio son: La falta de comunicación, la infidelidad, la violencia y los problemas económicos. Sin embargo, no debemos ignorar que, con excepción de la infidelidad, la mayoría de los matrimonios que perviven, que se complementan y que se disfrutan, enfrentan los mismos problemas que otros arguyen como razón para su separación. Aún más, no es pequeño el número de parejas que pagan el precio para superar la infidelidad con tal de preservar y crecer en su unión matrimonial. Se trata de parejas que han aprendido a reubicar al débil, al errado, al confundido.

Los cristianos somos diferentes. Nuestra razón de ser es diferente. Nuestros recursos son diferentes. Nuestros valores son diferentes. Somos luz y somos sal. Mateo 5.13, 14 Por todo ello somos llamados a, y podemos hacerlo, enfrentar los retos y los tropiezos de la vida de una manera alternativa a quienes no gozan del privilegio y del poder de la gracia que nosotros hemos recibido. Me cuesta trabajo entender que quienes aman a Dios, y son amados por él, asuman como lo que corresponde, como lo lógico, el asumir el fracaso de su relación. Sobre todo, cuando al mismo tiempo afirman que permanecen en la fe.

Quizá debemos acercarnos a la fe de una manera diferente, más adecuada a nuestra condición de creyentes. Como en el caso del ayuno, cuando Dios exhorta a su pueblo a adorarlo como él les ha pedido que lo hagan. Creo que algo que ha faltado en los matrimonios que están en crisis y en aquellos que se han separado es una falta de confianza en el hecho de que, si vivimos para Dios, tenemos lo que nos hace falta para superar los retos que como personas y familias enfrentamos. A Israel Dios el asegura que si lo adoran como él lo ha establecido: Entonces su luz resplandecerá desde la oscuridad, y la oscuridad que los rodea será tan radiante como el mediodía. El Señor los guiará continuamente, les dará agua cuando tengan sed y restaurará sus fuerzas. Serán como un huerto bien regado, como un manantial que nunca se seca. Algunos de ustedes reconstruirán las ruinas desoladas de sus ciudades. Entonces serán conocidos como reconstructores de muros y restauradores de casas. Isaías 58.10b-12

Los excesos y las omisiones que han llevado y están llevando al divorcio a algunas de mis ovejas me duelen, me desaniman, me enfurecen. Pero, no han logrado acabar con mi confianza en el Señor de que, si se vuelven a él en humildad y en esperanza, podrán reconstruir sus muros y restaurar sus casas. A unirse en tal esperanza les convoco en este día.

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