Ser mujer a la luz de la fe

FE Y FAMILIA

Ana Delia Macías

Para empezar a compartir el tema que me corresponde comenzaré por definir la palabra fe. Fe del latín “fides” significa confiar. En la Biblia la fe se define en el libro de Hebreros 11:6 como “La certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve”

Familia. Es la célula básica en la cual los seres humanos adquieren los primeros rasgos para el desarrollo del carácter y de la identidad personal, así como los hábitos y los valores que determinarán en un inicio, su pensamiento y su desarrollo social.

Dada la realidad que en la actualidad vivimos en donde las familias no siempre están conformadas por el padre, la madre y los hijos sino que a veces está ausente el padre o la madre y en otras son los abuelos o tíos los que llevan la responsabilidad y guianza de la misma, habré de referirme a padres o tutores indistintamente en mi reflexión.

En un contexto social donde actúan múltiples fuerzas que tienden a alejarnos de la fe y la vida cristiana, y por consecuencia a la degradación del amor humano y la eliminación de la auténtica capacidad de amar, debemos preguntarnos: ¿qué puede hacer la familia para formar y cultivar la fe?

La enseñanza de la Palabra de Dios y sus principios que deben ser tomados en cuenta por cada creyente, es fundamental en el proceso de la fe. Sin embargo no es suficiente con el conocer y memorizar tales principios, sino que los mismos se conviertan en un estilo de vida.

La fe es una experiencia personal, una relación de amor de Dios con cada persona. Él se acerca a cada ser humano como quiere; tiene para cada uno un propósito particular y único. La tarea de la familia es ayudar a cada uno de sus miembros a descifrar lo que Dios quiere de él y animarlo a responder y a serle fiel.

Los padres o tutores por lo general se preocupan más de aspectos como salud, alimentación, vestido, techo, educación, diversión de los hijos y no siempre se le da importancia al cultivo de la fe, y en muchas ocasiones se considera suficiente delegar esta tarea a la Iglesia o a personas fuera de la familia. Sin embargo los hijos que tiene enseñanza cristiana fuera de su hogar sin un referente en el mismo, es difícil que asimilen e interioricen su fe. Si en su casa, Dios no tiene importancia alguna, si Cristo no es un punto de referencia, si no existen símbolos que nos recuerden que es importante su presencia en nuestro hogar (la biblia, cantos de alabanza, libros de estudio de la fe, cuadros, etc.) si no se toma en serio el ser cristiano, si no se viven los valores del Reino de Dios, la fe no se arraigará en ellos. El ambiente familiar es absolutamente necesario para interiorizar las verdades bíblicas que los hijos escuchan en el templo, pero además la educación de la fe dentro del hogar no se puede impartir igual que en el pasado, cuando la fe era impuesta como una herencia de padres a hijos; se necesita aprender el cómo ser creyente en medio de una sociedad donde prevalece incredulidad e indiferencia a todo lo que implique religión. Desde luego esto exige el reto de aprender una manera nueva donde lo importante es transmitir experiencia cristiana y no solo conocimientos; desarrollar una responsabilidad personal más que solo dictar órdenes, cultivar una cercanía confiada a Dios, más que intentar resolver todas y cada una de las dudas de los hijos.

La experiencia de unos padres o tutores autoritarios, temibles y controladores, solo transmite la imagen de un Dios castigador, juez y vigilante. La experiencia de unos padres o tutores despreocupados y permisivos, ajenos a los hijos, transmite la sensación de un Dios indiferente y lejano, como inexistente. Sin embargo si los hijos viven en medio de una relación de confianza, comunicación y comprensión, la imagen de Dios se va interiorizando en su mente y corazón de una manera muy distinta. Los padres o tutores que no admiten réplicas ni ofrecen explicaciones, que no orientan,  que no perdonan, no educaran en la fe. Los hijos que viven la fe en un clima de castigos, amenazas y presiones, probablemente abandonaran más adelante esa experiencia religiosa negativa y poco satisfactoria. La auténtica fe se puede producir en los miembros de la familia, cuando el que la comparte vive y transmite su fe con gozo, compromiso y convicción.

Entre los muchos caminos que existen para cultivar la fe en la familia, podemos mencionar tres básicos: la oración en familia, el estudio de la Palabra de Dios y vivir el Evangelio.

LA ORACION EN LA FAMILIA.

La oración en la vida familiar tiene diversas formas: la oración de la mañana de alabanza a Dios por la vida y de intercesión por cuidado y bendición para las labores durante el día de cada miembro de la familia.

La oración de gratitud por los hechos importantes como cumpleaños, éxito en la escuela, la provisión diaria, la salud de la familia; Pequeñas frases durante el día de alabanza a Dios; La oración a la hora de participar de los alimento; La intercesión por los vecinos, por nuestra ciudad, por la paz en otros países que están en guerra, por las autoridades. La oración al final del día, etc. Todo este tipo de oraciones, nos hacen sensibles hacia dentro de nosotros mismos, hacia Dios y hacia los que están en nuestro alrededor.

ESTUDIO DE LA PALABRA DE DIOS EN FAMILIA.

Vivir en un clima de oración continua, abre el corazón hacia Dios, pero esa apertura necesita ir acompañada del estudio de su Palabra. La familia puede encontrar un momento en el día para enriquecer su vida con las enseñanzas de Jesús y preguntarse cómo llevarlas a la práctica.

El estudio de la fe se enriquece a través de buenos libros, adaptados a cada edad; Cuentos, consejos para adolescentes, sabiduría para las mujeres, guianza para los matrimonios etc.

También tenemos un mundo informático especialmente internet y en esto los padres o tutores tienen la responsabilidad de educar a los hijos para tener un sano espíritu crítico. No se trata de aislarlos pero sí de guiarlos.

VIVIR EL EVANGELIO EN FAMILIA.

Una fe sin obras nos recuerda el Apóstol Santiago, es muerta  (cap. 2:20). No entra en el Reino de los cielos el que dice “Señor, Señor” sino el que cumple la voluntad del Padre (Mt. 7:21)

La familia que ora, la familia que estudia al autor y consumador de la fe que es Cristo, también sabe vivir aquello que se ha llevado a la oración, y busca vivir lo que ha conocido de Dios a través de la vida de Cristo.

La mejor escuela para vivir como cristianos, es la familia. Vivir el Evangelio implica crear un clima en el hogar en el que se lleva a la práctica el principal mandamiento: el amor y este, debe ser la clave para todo y para todos.

Muchos son los ejemplos que encontramos de Jesús el Maestro en la Biblia:

Jesús no impone cargas pesadas, da ejemplo y vive lo que enseña.

Jesús interviene en la ayuda de los suyos con hechos concretos; sana a los enfermos, calma la tempestad.

Jesús confía en la persona a la que se dirige; acoge a los pecadores, habla con la mujer Samaritana sin prejuicios raciales, acoge a los niños y los declara modelos a seguir.

Las palabras de un padre o tutor deben ser alentadoras, positivas, llenas de esperanza, que cree en la voluntad del otro. Los hijos no son propiedad de los padres, no somos sus dueños, sino que Dios nos los ha encomendado para que en ellos se cumpla su propósito de amor

Jesús no duda en corregir con decisión y firmeza, (expulsó a los mercaderes del templo y llamó hipócritas a los escribas y fariseos

Jesús también va en busca de la oveja perdida y se interesa por la situación de cada uno; pueden los miembros de la familia caer en crisis o ir por caminos equivocados, pero ninguna de esas actitudes, por graves que sean, podrá apagar nuestro amor y compasión por ellos.

Jesús también invita a los suyos para que se amen unos a otros como Él los ha amado.

Hacer de nuestros hogares centros de amor, es un desafío, un compromiso cristiano con nosotros mismos, con la humanidad; compromiso con Dios que requiere sacrificio, darse a sí mismos, ser abiertos hacia el otro, aceptarlo, dialogar, y para ello se requiere de un amor renovado, un amor que va más allá del amor humano y en Cristo, ES POSIBLE.

FE Y RELACIONES HUMANAS

Adriana Montoya

Observo cómo en estos días, el tema de la mujer ocupa varios de los encabezados de periódicos, revistas, programas de radio y televisión, publicaciones en las redes sociales con sus respectivos comentarios, etc.  algunos muy acertados cuando nos recuerdan crudamente la realidad de las condiciones en que viven miles de mujeres en México padeciendo violencia; y otros muy desafortunados, pues en el intento de “celebrar”, muchas veces se reducen a simples observaciones sexistas y algunas veces discriminatorias de la mujer como tal.

Sin embargo, en esta ocasión, en la que pretendo hablar sobre la fe y las relaciones humanas, no dejo de pensar la forma en la que los medios de comunicación visualizan a las mujeres, con la forma en la que nosotros nos relacionamos con esos medios de comunicación a través de las relaciones humanas que entablamos con los demás.

Hablando de relaciones humanas se dice que son aquellas dedicadas a crear y mantener entre los individuos relaciones cordiales, vínculos amistosos, basados en ciertas reglas aceptadas por todos y, fundamentalmente, en el reconocimiento y respeto de la personalidad humana. Sin embargo, no es necesario ser un experto para saber cómo afectan a las personas los conflictos conyugales, las problemáticas familiares (relaciones padres-hijos, relaciones entre hermanos, crisis de adolescencia, etc.) o las relaciones laborales, todas ellas, provocadas por  relaciones humanas insatisfactorias.

Y es que me relaciono con los demás, según cómo los percibo, es decir, me comporto con los demás “tal y como los percibo” y en realidad no “tal y como son”. Nos formamos impresiones a través de los estímulos que recibimos de los demás (los cuales organizamos e interpretamos para darles un significado). De ahí la importancia de la primera impresión, porque aún se puede modificar, pero como individuos queremos reflejar lo mejor de nosotros (para causar buena impresión).

Y como todo el tiempo nos estamos relacionando, también todo el tiempo estamos enviando estímulos a las demás personas, quizá con una diferencia importante para nuestros días, pero especialmente para los que no somos “nativos digitales”. (Se denomina nativo digital  a todas aquellas personas que nacieron durante las décadas de los años 1980 y 1990, cuando ya existía una tecnología digital bastante desarrollada y la cual estaba al alcance de muchos). Para los que no nacimos en estas décadas, nos resulta complejo y desafiante incluirnos en estas tecnologías que actualmente invaden nuestra vida diaria,  implantando nuevas formas de informarse, comunicarse, entretenerse, relacionarse, comprar; por encima de las formas ofrecidas por los medios tradicionales como la imprenta, radio o televisión.

Tomando como referencia lo dicho, es que quiero reflexionar con ustedes sobre la forma en la que nos estamos relacionando al través del uso de la tecnología, específicamente de las redes sociales. El buscador conocido como “Google” dio a conocer en el 2011 los diez temas más buscados por los mexicanos, el primer lugar lo ocupó Facebook y el segundo el iPhone 5, en el 2014 fueron el iPhone 6 y noticias a nivel internacional como la epidemia del ébola.

El panorama descrito en párrafos previos responde a diferentes estudios sobre la influencia de la tecnología en la vida moderna. Conlleva aspectos negativos y positivos según sea el criterio que se sostenga sobre las relaciones humanas y lleva a planteamientos desde las más diversas aristas. En tal sentido, quisiera mencionar al sociólogo Zygmunt Bauman (2010), que realiza una caracterización polémica e interesante acerca de las relaciones humanas en la sociedad posmoderna, plantea, que los hombres contemporáneos se encuentran desesperados por relacionarse, sin embargo, prima la desconfianza de una relación permanente, por temor a la carga y tensiones que pueda implicar, frente a lo cual no se significan capaces ni deseosos de soportar, ya que limitarían la libertad que necesitan.

Es así que anhelamos relacionarnos, pero no comprometernos. Y enviamos los estímulos que consideramos van a causar determinada impresión en los demás, desde ignorar al que se encuentra conectado a las redes sociales, o enviar mensajes poco claros o indirectos, en lugar de comunicarnos franca y claramente.

Por otra parte, no solo podemos sino debemos hacer uso de estas redes, de una forma inteligente, que revele nuestra postura ante la vida, ideológica, pero también espiritual, porque no está separada la una de la otra.

Si tomamos los postulados de Cristo para relacionarnos con los demás, la Regla de Oro, sería la máxima que nos puede regir: Traten a los demás como ustedes quisieran ser tratados. Porque de ello surgen los factores a considerar para tener relaciones humanas satisfactorias.

Manifestar respeto aun cuando no se comparta un punto de vista, comprender y aceptar al otro con sus potencialidades y limitaciones, ser cooperativos, pues al trabajar todos por un mismo fin se obtienen mejores resultados y, en general, pensar en el otro como en mí mismo, resulta siempre en beneficio de las relaciones que establezco.

Tener fe en el Señor no es un hecho que interesa sólo a nuestra inteligencia, el área del saber intelectual, sino que es un cambio que involucra la vida, la totalidad de nosotros mismos: sentimiento, corazón, inteligencia, voluntad, corporeidad, emociones, relaciones humanas. Con la fe cambia verdaderamente todo en nosotros y para nosotros, y se revela con claridad nuestro destino futuro, la verdad de nuestra vocación en la historia, el sentido de la vida.

Tenemos grandes retos por delante, cuánto más, cuando vemos la realidad que atraviesa nuestro país, compartir nuestra fe y las acciones que por inercia, deben seguirle, significa compartir esperanza a un mundo que cada vez la necesita más.

FE Y EL CULTIVO DEL INTELECTO

Michelle Ordóñez

El muy interesante aporte de Michelle podrá ser visto en http://youtu.be/t8HY207nJ-M.

FE Y LOS RETOS DE LA VIDA

Isela Olmos

FE, RETOS, palabras complementarias, donde hay retos hay fe.

Cuando Adoniram me dijo que había pensado en mí para hablar de los retos de la vida, que quién mejor que yo que ha vivido constantes retos, pensé: pan comido, hablo de todo lo que he vivido y hasta me faltará tiempo.

Pero me di cuenta que cada mujer con la que me he topado, ha vivido sus propios retos y sería egoísta hablar sólo de mi cuando hay historias en cada una de nosotras tan enriquecedoras como las mías. Así que si quieren conocer mis retos, mejor invítenme un café y con gusto se los cuento.

Me quedé pensando ¿Cuál sería el primer reto en nuestra existencia? yo creo que llegar a fecundar el óvulo, y desde ahí, toda nuestra existencia es resolver retos tras retos, desarrollarnos en el vientre, nacer y escuchar: fue vieja, y de ahí en adelante hasta nuestra muerte es de constantes retos que Dios, nosotras, la vida, la familia, la sociedad, la iglesia y uno que otro enemigo nos pone.

Según la RAE, reto significa: Objetivo o empeño difícil de llevar a cabo, y que constituye por ello un estímulo y un desafío para quien lo afronta. Fe es: la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. (Hebreos 11:1).

Que aplicado a nuestro tema diría que: reto es a dónde queremos o debemos llegar, pero como nunca sabemos qué nos encontraremos en el camino, para eso existe la fe, que es el estímulo para continuar ese camino hacia nuestro objetivo.

Para ayudarnos a cumplir con los retos, de corto y largo plazo, Dios nos puso 2 “chips” para ser multifuncionales y multifacéticas, pero para no ser perfectas también nos agregó el ser multi temperamentales, todo es perfecto hasta que llegan esa vacilada llamada cambios hormonales. Bueno, excepto por este último atributo, nuestras características nos ayudan a llegar a esos objetivos que tenemos en la vida cotidiana: Ser profesionista, administradora, emprendedora, chef, nutrióloga, enfermera, psicóloga, chofer, carpintera, plomera, albañil, y mi reconocimiento a las osadas que además se atrevieron a ser mamás, Podemos ser tan tiernas y frágiles como una flor, pero también fieras cuando se trata de defender lo que amamos.

Y en la mayoría de las veces, estamos tan ocupadas en nuestros múltiples roles que nos olvidamos del más importante: ser mujer. ¿Para ustedes qué es ser mujer?  Mi reflexión es: Ser yo con respecto a mí y ser feliz con los atributos que Dios puso en m“.

En el transcurso de la historia, han existido mujeres ejemplares como: Madre Teresa de Calcuta, Frida Kahlo, Eva Perón, María Curié, Sor Juana Inés de la Cruz, la princesa Diana, pero también están Ana Delia, Adriana, Ofelia, Jose, Irene, Lulú, Catita, Chela, Araceli, Esther, Nayeli y demás hermosas mujeres de CASA DE PAN.

Pero para mí, la que se llevó el premio mayor al reto y fe, fue María ¿Qué hubieran pensado y hecho USTEDES si el ángel Gabriel se les hubiera aparecido para darles la noticia que serían la madre del mesías esperado? que miedo ¿no? pensando en esto, los retos cotidianos se me hacen menos difíciles.

También me hizo recordar que desde aquellos tiempos, el mayor reto de las mujeres ha sido en contra de la discriminación que hasta hoy prevalece. Históricamente, la biblia menciona por su nombre a muy pocas mujeres, no les da su justo valor y creo que sabiéndolo Jesús, puso el ejemplo dando valor rodeándose de mujeres, algunas no con la mejor reputación. ¡Ah! y no podemos olvidar al  rey Salomón quien describe lo hermosa que es la mujer en el libro Cantar de los Cantares.

Jesús nos dejó claro ejemplo de la importancia de la mujer en sus planes, desde Génesis nos puso en igualdad en el capítulo 1 versículos 27 y 28: 27Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó 28 y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.  Claramente habla de ambos: varón y hembra en igualdad.

Hablando de la vida actual, muchas mujeres somos tan temerarias, que no nos conformamos con el lugar que nos han dado, buscamos mayores retos, retos que nos da la modernidad, buscamos profesiones y oficios, adjudicables en su mayoría a los hombres: arquitectas, corredoras de autos, taxistas, pilotos, etc. sacudiéndonos la  etiqueta de: el sexo débil.

Y por si fuera poco, cambiamos la tendencia de la naturaleza (en la que el macho es de mayor colorido y hace todo lo posible para seducir a la hembra)  para ser nosotras las humanas las que buscan tener bello colorido con maquillaje, el cabello bien peinado, uñas pintadas, tacones altos y perfectamente depiladas para  impresionar a nuestro macho, a nosotras mismas y a otras mujeres…  como si no tuviéramos suficiente…. luego por qué nos llaman “complicadas”, pero aún así, lo hacemos y nos sentimos satisfechas no importando el riesgo de tener un esguince ocasionado por los tacones de 12cms de alto y además atrevernos a andar en bicicleta con dichos tacones como sucedió ayer (que en realidad no sé si llamarlo osadía o rudeza innecesaria).

Libros, videos, conferencias, expos, este tipo de material para mujeres va en incremento. ¿Quién no ha escuchado los siguientes títulos: “Las mujeres son de Venus y los hombres de Marte”, “Soy mujer, soy invencible y estoy exhausta”, “Las mujeres y el estrés”, “Criar sin miedo”, “Dios mío hazme viuda por favor”, “Amar o defender” y otros tantos que seguro ustedes conocen y agradeceré me los recomienden porque los que acabo de mencionar sólo son algunos que están en mi librero…excepto el de por qué los hombres aman a las…que sólo me causa curiosidad. Libros que nos ayudan a seguir cumpliendo objetivos, a darnos ánimo,  la manera de encontrarnos en este laberinto.

Para terminar, quiero confesar que cuando era pequeña deseaba ser hombre, me encantaba jugar a las canicas, metita, andar en patines, usar pantalones para jugar béisbol, subirme a los árboles y techos de las cabañas, y hace algunos años que me di cuenta de la bendición de ser mujer, me siento privilegiada y doy gracias a Dios de haber nacido vieja.

Quiero pedirles un favor, transmitan a cuanta mujer se encuentren que: somos valiosas desde el momento que fuimos concebidas, cada reto que enfrentamos desde nuestra existencia, sea el origen que sea, nos hace más fuertes y en cada reto Dios está con nosotras porque siempre fuimos importantes para su objetivo. Felicidades mujeres valientes, incansables, únicas. Hoy y los próximos 364 días restantes.

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One Comment en “Ser mujer a la luz de la fe”

  1. Yaneli González Says:

    Me encantó todo, leerte y escuchar a Ana Delia me conforta mi alma, Adriana es un placer leer y sobre todo que es lo que necesitamos esa relación de Cristo, el link de Michelle no lo pude abrir, y no me lo quiero perder pie que se que hay más para mi vida 😔, y reí con los comentarios de Isela, me gusta mucho tu enfoque me identifico contigo. Gracias a todas por estar en mi vida es un enorme placer estar en casa de pan a su lado, las Amo. Bendiciones


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