En el Barbecho de los Pobres hay Mucho Pan

 
En el barbecho de los pobres hay mucho pan;
mas se pierde por falta de juicio. Proverbios 13.23

Este es un pasaje interesante y revelador. Primero, porque nos remite a una figura propia de la agricultura, el barbecho. Se llama así a la tierra labrantía que no se siembra durante uno o más años. Es decir, a la tierra que tiene todo lo necesario para ser productiva pero que, por diferentes razones, permanece en descanso. Además, el pasaje resulta revelador porque señala que en aquello que no se cultiva, el pobre tiene mucho pan. Es decir, el pasaje denuncia que la pobreza que se sufre es resultado de que no se trabaje la tierra que tiene todo para producir. Finalmente, el pasaje revela también la razón por la que el pobre sufre carencias teniendo una tierra productiva. Tal razón es la falta de juicio. Aquí esta falta de juicio se refiere al conflicto que la persona enfrenta ante la falta de equidad entre su realidad y sus expectativas.

Las personas que no pueden compaginar su realidad con sus expectativas son personas insatisfechas a las que nada les trae contentamiento. No habría mejor explicación al hecho de que el pobre se niegue a explotar la riqueza de su tierra, de los dones recibidos, que el hecho de que no encuentra satisfacción en realizar la tarea que le es propia. Ello, porque sus expectativas son otras. No asume, no hace propio, que los dones recibidos –sus capacidades, sus recursos, sus relaciones, etc.- son los de un labrador y se propone realizar alguna otra tarea más acorde con sus expectativas. Estas, desde luego, no tienen que ver con el cumplir la vocación o llamamiento que ha recibido, sino con el satisfacer los deseos aprendidos, estar acorde con lo que los otros opinan y esperan de él, o estar en condiciones de sostener una batalla con aquellos con quienes está en competencia para demostrar quién puede más, quién sabe más, quién tiene más.

Frecuentemente nos encontramos con personas que están logrando producir riqueza, acumular bienes, sobresalir entre muchos otros ocupando importantes espacios de liderazgo, y que, no obstante, se sienten insatisfechos. Se trata de personas que están realizando tareas importantes, que han consagrado su vida a trabajar responsablemente, que están ascendiendo profesional y socialmente, etc., y que no encuentran contentamiento en ello. Han desarrollado una mentalidad de migrante -como estos que siempre están hablando de volver a casa al mismo tiempo que adquieren propiedades y se arraigan en el país extraño al que han llegado-, soñando, hablando, prometiendo a otros y prometiéndose a sí mismos, que nada más que lleguen a tal nivel, o que acumulen tales bienes, o hayan cumplido con tales compromisos, dejarán lo que están haciendo para dedicarse a lo que siempre han deseado hacer. La verdad es que cada día acumulan mayor insatisfacción y se desequilibran más. Insatisfacción y falta de equilibrio provocan un efecto dominó en sus vidas, en el que poco a poco van perdiendo y destruyendo lo más valioso: su fe, en Dios y en sí mismos, la salud espiritual y emocional de su familia, sus capacidades y, sobre todo, la esperanza que anima al día a día.

Estas personas ignoran que la satisfacción, el contentamiento con uno mismo y con lo que hace y obtiene, está determinado por lo que podemos llamar el sentido de la riqueza. Es decir, por la medida en que esta facilita y empodera el proyecto de vida, el llamamiento o vocación de la persona. Que la insatisfacción, la falta de contentamiento con uno mismo y con lo que se hace, resulta de la incongruencia entre lo que somos llamados a ser y lo que estamos siendo y haciendo en la vida. Quienes viven cumpliendo su llamado, su vocación, se distinguen por el gozo, el entusiasmo, resultante de la realización de su tarea sin depender, necesariamente, de las riquezas o de los satisfactores materiales que ello signifique. Hacen lo suyo, principalmente, por la satisfacción de hacerlo.

Hemos dicho que el juicio al que se refiere nuestro pasaje consiste en la relación equitativa entre realidad y expectativa. Equidad, dice el Diccionario, es [la] bondadosa templanza habitual. [la] Propensión a dejarse guiar, o a fallar, por el sentimiento del deber o de la conciencia. En cierto sentido la voz de la conciencia pura refleja la voluntad de Dios y nuestro deber es obedecerla. En el contexto bíblico, la conciencia es la facultad que nos permite discernir entre el bien y el mal y nos impulsa a escoger entre los dos.

En el contexto que nos ocupa, podemos decir que somos llamados a hacer un juicio de nuestra realidad y de nuestras expectativas. Ello nos permite saber qué tanta congruencia hay en nuestra vida. Si lo que deseamos, lo que estamos haciendo y la forma en que lo hacemos, corresponde a la voluntad de Dios para nosotros. Es decir, a lo que Dios quiere para nosotros, para aquello que nos ha preparado y aquello que él espera que hagamos.

La voluntad de Dios no es impositiva. Dios nunca nos obligará a hacer lo que él quiere y espera de nosotros. Pero, lo que sí hace Dios es capacitarnos y disponer las cosas para que si nos disponemos humildemente a cumplir con su llamamiento, podamos gozar de los recursos, el equilibrio, el empoderamiento y las facilidades para cumplir con satisfacción y gozo con nuestra vocación. En Efesios 2.10, Pablo asegura: Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás. La expresión: buenas obras, significa que cuando obedecemos la voluntad de Dios, todo lo que hacemos con nuestras manos, es decir al todo de nuestra vida: relaciones, ocupación, administración, diversiones, etc., podemos hacerlo de manera excelente, satisfactoria, con gozo.

La idea de Pablo es que quien vive siguiendo las instrucciones hace mejor y con mayor satisfacción las cosas vitales. Es como quien sigue el contorno de un mapa que permanece bajo el papel transparente sobre el cual trazamos nuestra vida. Desde luego, una y otra cosa requiere que modifiquemos nuestras expectativas y que nos ocupemos de labrar la tierra que Dios nos ha entregado lista para que la trabajemos y cosechemos de la misma el fruto que le es propio. Hay quienes se resisten a esto porque no les parece suficiente, porque no es lo que les gusta, porque tienen del derecho a hacer las cosas y vivir la vida a su elección. Tienen razón, pueden hacer de y con su vida lo que ellos quieran, pero no siempre lo que hacen es lo que conviene ni, mucho menos, lo que es propio. Por lo tanto, viven en conflicto consigo mismos y termina estando en conflicto con la vida y con las personas con las que se relacionan.

Quienes temen que si renuncian a hacer de su vida lo que ellos quieren y se esfuerzan por hacer la voluntad de Dios, terminarán siendo unos perdedores, viviendo una vida sin chiste, deben recordar que Dios los ama y tomar en cuenta lo que la Biblia nos asegura: Pues yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza. Jeremías 29.11 Deben tomar en cuenta que Dios honra a quienes lo honran y se convierte en protector y defensor de quienes lo sirven. Por ello, este es un momento adecuado en nuestra vida para que hagamos un alto, discernamos lo que somos y lo que hacemos y nos decidamos a hacer de y en nuestra vida aquello que Dios quiere para nosotros.

Podemos hacerlo porque Dios es fiel. Porque él es la vida misma. Quien hace suya esta convicción puede confiar en sus promesas y descubrir, como el salmista, que los mandamientos del Señor son rectos, que alegran el corazón. Salmos 19.8

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5 comentarios en “En el Barbecho de los Pobres hay Mucho Pan”

  1. Pablo Ojeda Says:

    Excelente el artículo sobre el barbecho del pobre. Muy buena y útil reflexión.

  2. nancy mujica Says:

    que explicacion tan clara y hermosa

  3. Mauricio Naudi Says:

    Exactamente artículo sigan así ayudando a los creyentes Dios los bendiga

  4. Jaime doc Says:

    Excelente analisis, muy claro, y alienta a poner todi lo que tenemos para prosperar.

  5. josefina otero Says:

    Gloria Dios buena definicion


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