Hablemos de los Dones Espirituales

1 Corintios 12.1-11

Los dones espirituales, o carismas, son capacidades sobrenaturales dadas por Dios a la Iglesia para la edificación de la misma y para el cumplimiento de su tarea evangelizadora-discipuladora. Estas capacidades son dadas a la Iglesia en cada uno de sus miembros y siempre consideran el bien del Cuerpo de Cristo por sobre el bien y el bienestar individual de sus miembros. Así, aunque la persona obviamente se beneficia con el don recibido, está en la obligación de poner tanto el don, como el beneficio resultante del mismo, al servicio de los demás.

Siguiendo la indicación paulina, contenida en 1 Corintios 12, conviene que nos detengamos a considerar el qué, el cómo y el para qué de los dones espirituales, así podremos entender bien este asunto, como traduce NVI.

La Iglesia y todas las iglesias en particular requieren, para su salud y para el cumplimiento de su tarea, del ejercicio fiel y permanente de los dones recibidos. Una iglesia que no ejercita los dones espirituales es una iglesia en estado vegetativo. Vive, pero no actúa ni lleva fruto.

Los dones espirituales cumplen con una triple función:

  1. Preventiva. En tanto que preservan a la iglesia del poder del ataque de Satanás. Le permiten anticiparse al ataque del enemigo, al mismo tiempo que la fortalecen y capacitan para enfrentarlo cuando este se presenta.
  2. Capacitadora. En tanto que hacen a los miembros de la Iglesia aptos (Idóneo, hábil, a propósito para hacer algo), para el cumplimiento de la tarea eclesial. Esta aptitud no depende ni de los conocimientos, de las habilidades, ni de la experiencia de las personas, sino que es dada por el Espíritu Santo.
  3. Correctiva. El ejercicio de los dones espirituales corrige el quehacer de la iglesia, reorientando las actividades de la misma en la dirección establecida por el Espíritu Santo. Además, mediante el ejercicio de los dones espirituales el Espíritu Santo muestra aquellos pecados o faltas en que la iglesia, o sus miembros incurren, con el fin de mantenerla pura y santa hasta el día de la venida del Señor Jesucristo.

Los dones espirituales son dados por el Espíritu Santo exclusivamente a los miembros del Cuerpo de Cristo, la Iglesia. Es Dios mismo quien da a cada miembro una manifestación especial del Espíritu para el bien de los demás, dice San Pablo. Tal declaración contiene un presupuesto de primordial importancia: todos los miembros del Cuerpo reciben una manifestación especial del Espíritu; es decir, uno o distintos dones espirituales.

Así, podemos hacer una doble conclusión: sólo quienes han sido incorporados a la Iglesia mediante el bautismo reciben los dones espirituales; además, todos los que forman la Iglesia tienen dones espirituales.

Si, como asegura el Apóstol, los dones son para el bien de los demás, está implícito que todos los miembros de la Iglesia somos igualmente corresponsables de la salud, el desarrollo de los recursos recibidos y el cumplimiento de la tarea encargada a la misma. Aquí se cumple el principio de la sinergia espiritual, mismo que establece que el quehacer de la Iglesia es superior al efecto de los efectos individuales. Es decir, que cuando cada uno de los miembros de la Iglesia coopera con los otros aportando el ejercicio fiel de su don, el resultado es superior a la mera suma de las capacidades de los mismos. Cuando cada quien aporta lo que le es propio, se desarrolla una dinámica mucho más poderosa, mucho más efectiva y mucho más productiva que si cada uno realiza su tarea de manera independiente.

Precisamente por el origen, el propósito y la distribución de los dones, la manera en que la Iglesia funciona es otra, muy distinta a cualquier organización social. Primero, porque aunque somos muchos miembros, somos un solo cuerpo. Además, porque todos los miembros tenemos el mismo valor e importancia. Y, en tercer lugar, porque la integridad del cuerpo depende por igual del correcto funcionamiento de cada uno de sus miembros.

Pablo distingue entre dones, maneras de servir y funciones. Fijémonos que el Apóstol establece un vínculo entre cada una de estas cuestiones:

  • Dones + un mismo Espíritu
  • Servicio + un mismo Señor
  • Actividades + un mismo Dios que hace todas las cosas en todos.

De tal clasificación podemos deducir que a los dones, capacidades particulares, corresponde una autoridad particular y un rol o actividad específica. De tal suerte que el Cuerpo no funciona de una manera jerarquizada, en la que uno de sus miembros siempre está a la cabeza con los privilegios y responsabilidades inherentes a su posición. No, en el Cuerpo de Cristo, la autoridad y la responsabilidad de cada uno de sus miembros está determinada por el don y la tarea encargada a cada quién.

Por ello, para el buen ejercicio de los dones se requiere de la sujeción mutua de los miembros del Cuerpo. Para que quien tiene el don de la palabra de conocimiento pueda cumplir con la tarea de enseñar, dirigir y corregir al resto de los creyentes, se requiere que estos estén dispuestos a escuchar, obedecer y seguir a quien Dios ha encomendado dicha tarea. Para que quien tiene el don de interpretar lenguas, pueda cumplir con su función, se requiere que haya quien hable lenguas y quienes estén dispuestos a escuchar la interpretación que este hace de las mismas.

La Iglesia requiere del ejercicio de los dones espirituales como el cuerpo humano requiere del aire. La ignorancia o negligencia en el conocimiento y el ejercicio de tales dones es causa de la esterilidad de la Iglesia y de su posible muerte. Juan 15.6

Todos los miembros del Cuerpo de Cristo somos corresponsables de la salud del mismo y del éxito o fracaso en el cumplimiento de su tarea.

A final de cuentas, cuando los miembros del Cuerpo ejercitan los dones espirituales recibidos, es Dios mismo quien hace todas las cosas en todos. Así se cumple su propósito en y al través de nosotros y, cada uno en particular, así como la Iglesia en general lleva el fruto que le es demandado.

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3 comentarios en “Hablemos de los Dones Espirituales”

  1. Profa. Elizabeth Vargas Says:

    Los dones espirituales son muy importantes para la Iglesia, gracias por compartir esta palabra.

  2. Vero Unzueta Says:

    Es muy importante saber identificar los dones espirituales, y ahora comprendo que debemos estudiar la palabra, para poder identificar si tenemos alguno.

  3. Pastor Santos Osorio Andrea Says:

    En cuanto a los dones espirituales, indudablemente que todos los que pertenecemos al Cuerpo de Cristo, tenemos uno o más dones, pero muchas veces ni conocemos nuestros propios dones espirituales. ¡Gracias por compartirnos y permitirnos el libre acceso a sus enseñanzas!.


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