Demostrando profundo amor
1 Pedro 4.7-9
Desde el domingo pasado hemos iniciado un ciclo de meditaciones pastorales, bajo el tema Presencia Testimonial. Déjame tratar de explicarte lo que este concepto contiene o significa. En primer lugar, se refiere al contexto de nuestra experiencia cristiana. Vivimos en el mundo, es decir en un ambiente de vida controlado por el príncipe de este mundo, el diablo. Quienes estamos en Cristo somos luz que habita en medio de la oscuridad.
En segundo lugar, destaca la expectativa que da sustento y explica nuestra esperanza en Cristo. Los cristianos sabemos y esperamos que el fin del mundo, del orden presente, se acerca. Creemos que Cristo viene como Señor y Rey y que su llegada significa el fin del orden de Satanás y el establecimiento eterno del orden de Dios. Creemos esto dada nuestra experiencia, misma que resulta de nuestra comunión con Dios y el hecho de que su Reino, su orden, es una realidad de nuestras vidas.
Y, en tercer lugar, tiene que ver con nuestro testimonio. Es decir, con aquello que nosotros hacemos evidente. Nuestro Señor Jesús declaró que nosotros somos sus testigos y que somos quienes dan testimonio, lo hacen presente, creíble y relevante en las circunstancias en que vivimos mientras no se llega el momento de la Segunda Venida de Cristo.
A esto es a lo que me refiero con la expresión Presencia Testimonial. Nosotros, los discípulos de Cristo, estamos presentes en el mundo. No somos ajenos a la realidad humana. Somos influidos e influimos en nuestro entorno. Por eso participamos de lo que quienes no están en Cristo, participan, particularmente de la enfermedad y el sufrimiento multicausal que es propio de los seres humanos.
Pero, aunque estamos presentes en el mundo no somos del mundo. Somos diferentes. Y lo somos porque Cristo está en nosotros. Así que no podemos vivir la vida terrenal como la viven quienes no tienen a Cristo en su corazón. Al estar en Cristo, damos testimonio de la realidad de su Reino y, por lo tanto, nos convertimos en la evidencia de la realidad del orden de Dios y anunciamos el establecimiento total del mismo en toda la Creación. Nuestra Presencia Testimonial hace evidente que hay una alternativa de vida a la que el mundo, el orden presente, propone y testifica que la nuestra es una alternativa de vida que quienes no están en Cristo, son llamados a imitar.
En nuestro pasaje, me parece, Pedro explica cómo es que los cristianos, inmersos en la oscuridad reinante, podemos ser la luz y la sal a las que Cristo hizo referencia. Después de hacer una declaración tan tajante y compleja: el fin del mundo se acerca. El apóstol hace una conclusión lógica: sean serios y disciplinados en sus oraciones. Creo que de esta manera Pedro, explica por qué es que los cristianos somos quienes somos y qué tenemos que hacer para seguir siendo los que somos. En efecto, Pedro destaca la importancia de la oración en tanto el medio por el cual nos mantenemos en comunión con Cristo. Oramos porque estamos unidos a Cristo y para seguir estándolo.
La oración es el diálogo que sostenemos con nuestro Dios, nuestro Señor y mediante el cual Dios nos hace saber su voluntad, nos dirige, fortalece y capacita para dar testimonio de la verdad en medio de las tinieblas, la confusión y la mentira que distinguen el orden de Satanás. Así, ante la inminencia del fin del mundo, Pedro nos anima a profundizar nuestra comunión con Dios, particularmente, por medio de la oración seria y disciplinada. Ello porque el cristiano no ora para pedir, sino para mantenerse en comunión con el Padre. Oramos en el nombre de Cristo, bajo su autoridad. Y lo hacemos en el poder del Espíritu Santo, quien nos consuela, protege y nos guía a toda verdad.
El fin del mundo presupone un incremento significativo en las expresiones del mal que aflige a las personas. Nuestro Señor Jesús anticipó las señales que anuncian el fin de todas las cosas: la emergencia de los falsos cristos, las guerras, las hambrunas, la multiplicación de la maldad, la persecución de los creyentes, al mismo tiempo que la predicación del evangelio. Mateo 24, Lucas 21 y Marcos 13. Como tú sabes, todo esto está sucediendo en nuestros días y representa una presión terrible para quienes estamos en Cristo. Siguiendo a Pedro, podemos concluir que sólo podremos enfrentar victoriosamente tales circunstancias en la medida que nos mantengamos orando seria y disciplinadamente.
Ahora bien, hemos dicho que la nuestra es una Presencia Testimonial. Es decir, que hacemos evidente lo que creemos mediante actos o hechos que lo demuestran. Las cosas que hacemos naturalmente, nuestros actos, como aquellas que hacemos con un propósito, nuestros hechos, revelan lo que creemos y lo hacen visible y creíble. ¿Qué es aquello que somos llamados a hacer para mostrar la realidad presente del Reino de Dios?
Para comprender la propuesta de Pedro, debemos recordar lo que la Biblia indica como una de las evidencias de la maldad creciente en el mundo. Al respecto, nuestro Señor Jesús asegura en Mateo 24.12; Abundará el pecado por todas partes y el amor de muchos se enfriará. O como traduce Reina Valera: Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Es esta consideración profética la que da sustento al llamado petrino en el verso 8, de nuestro pasaje: Lo más importante es que sigan demostrando profundo amor unos a otros, porque el amor cubre multitud de pecados.
La comunidad cristiana es una comunidad de amor. Primero, porque resulta del amor de Dios mostrado al mundo en Jesucristo. Para ello basta considerar lo dicho por Juan en el capítulo 3.16, de su evangelio. Además, somos una comunidad de amor, porque hemos sido llamados a amarnos unos a otros como Cristo nos amó. Es tan importante esto que Jesús mismo indicó que la señal, la evidencia, de que somos sus discípulos es que nos amemos los unos a los otros como él nos ha amado. Juan 13.34; 15.12. Jesús enfatiza: El amor que tengan unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos. 13.35.
Si la evidencia del poder del pecado es que el amor se enfriará, la prueba de la realidad del Reino de Dios, ante el mundo, es el amor que los discípulos de Cristo tengamos los unos por los otros. Espero que podamos comprender la relevancia de este tema. La prueba de la realidad del Reino no son los milagros, estos pueden ser imitados por el diablo. No es el número creciente de creyentes en el mundo, crecen más rápidamente religiones no cristianas. Ni siquiera es el reconocimiento que el mundo dé a los líderes cristianos, Jesús dijo: “¡Qué tristeza cuando a ustedes todos los elogien! Porque los antepasados de los que ahora los elogian, elogiaron de la misma manera a los falsos profetas”. Lucas 6.26.
La evidencia de que el Reino de Dios está en medio de los hombres es el amor que los discípulos de Cristo se tienen los unos a los otros.
Me atrae la expresión de Pedro: porque el amor cubre gran cantidad de pecados. Es obvio que Pedro no propone que el amor oculta, disimula o justifica tal o cual pecado. Creo que lo que significa es que el amor cubre el pecado en tanto que lo hace incapaz para impedirnos dar testimonio de Cristo, a pesar de los efectos, el daño y la desesperanza que el pecado produce. Es como cubrir una herida con un curita, o con una gasa protectora. Se contiene el daño y se da al cuerpo la oportunidad de restaurarse. Además, al estar cubierta la herida no impide que la persona que la ha recibido realice sus tareas dentro de la normalidad posible.
Pedro explicita el cómo es que se expresa tal clase de amor. Curiosamente hace un llamado a la generosidad y a la hospitalidad. Quien da comida al otro, comparte aquello que le resulta esencial para su sobrevivencia. Podemos sobrevivir casi sin cualquier otra cosa, menos que sin la comida y la bebida. Quien da comida, da lo que le es esencial.
Quien abre las puertas de su hogar con alegría. Quien proporciona al otro un lugar en su casa donde dormir, se hace vulnerable, se expone a riesgos desconocidos. Además, siempre implica alguna pérdida, el ceder algo o en algo. Normalmente los espacios para dormir en cada casa ya están asignados a alguno de los que viven en la misma.
Así, dar un lugar para dormir a otro, significa, en la mayoría de los casos, que alguien tendrá que renunciar a su cama. Como Shalom, hijo del hermano José Ávalos. Este pastor recibía en su casa, hospedaba, a muchos pastores. No era raro que a mitad de la noche alguien llegara a tocar la puerta. Entonces, Shalom, simplemente dejaba su cama, agarraba un cobija y se tiraba en el suelo por el resto de la noche.
Dar de comer, hospedar al otro, nos hace vulnerables, nos expone, nos arriesga, insisto. Y la única razón que tiene para hacerlo es el amor que lo mueve y motiva en el todo de su vida. Desde luego, no puede amar así quien no se sabe amado de la misma manera. Después de todo, nosotros amamos a Dios, porque él nos amó primero. En este sentido, al dar de comer a otro, al dejarle nuestra cama y abrirle el último espacio de intimidad de nuestro hogar, estamos haciendo evidente, creíble, el amor de Dios por los hombres y así despertamos el interés de estos por conocer y servir a Dios.
Quien ama de esta manera, se da a sí mismo al servicio de los demás, tal como Cristo lo hizo en la cruz del Calvario por todos nosotros. Al darnos a nosotros mismos por amor, hacemos creíble el amor de Dios manifestado en el sacrificio de la cruz.
Podemos estar seguros de que el avance del pecado en sus más terribles y variadas expresiones seguirá fomentando lo que podemos llamar un vacío de amor, en un número creciente de personas. La soledad, ese indicador irrefutable de la ausencia del amor, real o figurada, se ha convertido en uno de los jinetes del Apocalipsis, de nuestros días. La soledad se asocia a la muerte de casi novecientas mil personas alrededor del mundo cada año. En los individuos, la soledad, el aislamiento, produce efectos negativos para la salud equivalentes a fumar quince cigarros al día. Según la OMS, el 16% de la población mundial se siente regularmente sola.
En este ambiente de pecado, ante el inminente fin del mundo, los cristianos somos llamados a perseverar en el cultivo de nuestra comunión con Dios, por medio de la oración. Y somos llamados a dar testimonio de la realidad alternativa del Reino de Dios, en medio de las circunstancias que las personas están viviendo: soledad, desesperanza, violencia, pobreza, etc. Damos este testimonio por medio del amor que nos mostramos mutuamente y que se convierte en una convocatoria para que quienes padecen el poder del pecado, vengan al Reino de Dios y gocen de la paz de Cristo.
Nuestra intercesión debe ir acompañada de la evidencia de nuestro amor. Primero, del amor a los domésticos de la fe, es decir a los de la familia de la fe. Gálatas 6.10. Pero no sólo a ellos, también como testimonio de nuestro estar en Cristo y ser su cuerpo, somos llamados a amar a quienes no conocen a Dios y están sujetos al dominio del pecado.
A esto los animo, a esto los convoco.
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