En el Mundo Ustedes Tendrán Aflicción

Juan 16.33

De vez en vez, Jesús dijo cosas que descorazonaban a sus oyentes, cosas que no resultaban agradables al oído, ni al corazón. Pero algo que quienes seguían a Jesús aprendieron fue a no juzgar el todo de su mensaje por algunas de las cosas por él dichas. Tal el caso de nuestro pasaje: “En el mundo, ustedes habrán de sufrir, pero tengan valor: yo he vencido al mundo”.

La declaración de Jesús: “ustedes habrán de sufrir”, adquiere un significado totalmente diferente cuando se escucha a la luz del enunciado-promesa que complementa su dicho: “pero tengan valor: yo he vencido al mundo”.

Generalmente, cuando oímos la palabra “mundo”, pensamos en los y lo que está “fuera” de nosotros: en los otros, en las cosas, etc. Sin embargo, la palabra utilizada por Jesús, cosmos, se refiere, sin embargo, a un orden existente. Mismo que ejerce una autoridad sobre la persona y sobre las circunstancias de la misma. Por lo tanto, Jesús, más que referirse a un lugar donde habremos de sufrir: la tierra; se refiere a un orden dentro del cual hay sufrimiento y dolor estériles.

Las Características del Orden Presente

Este orden tiene que ver tanto con nuestro interior, como con lo que está más allá de nosotros mismos.

Tiene que ver con nuestros pensamientos. La mayor parte de los conflictos humanos tienen que ver con los patrones de pensamiento de las personas. Eres lo que piensas, acerca de ti mismo y acerca de los demás. En la Biblia encontramos dos clasificaciones contrastantes de los pensamientos: (1) Pensamientos ansiosos, Sal 139.23-24.; (2) Pensamientos de paz, Jer 29.11. Los primeros son generados “desde adentro”, son el resultado de nuestra experiencia de vida, de la calidad espiritual de nuestra vivencia cotidiana, y del acoso de Satanás. Los segundos, son los que Dios tiene para nosotros y los anima (les da vida), en nosotros por el poder de su Espíritu. Los primeros tienen que ser discernidos, los segundos, creídos.

Tiene que ver con el poder limitado de Satanás sobre el creyente. Jesús llama a Satanás: “príncipe de este mundo”. El título en sí mismo, reconoce la autoridad satánica sobre este orden, sobre cierto orden. Aunque no de manera absoluta, es apenas príncipe, nuestro adversario gobierna, tiene la facultad y la capacidad para hacerlo. Ello explica muchos de nuestros conflictos y muchas de nuestras derrotas; tanto con los personales, como con los relacionales. Pero, Jesús dice algunas cosas que redimensionan el poder satánico: (1) El príncipe de este mundo ya ha sido juzgado. Jn 16.11; (2) El príncipe de este mundo será echado fuera. Jn 12.31; (3) El príncipe de este mundo no tiene ningún poder sobre mí. Jn 14.30.

Partiendo del hecho de que el príncipe de este mundo busca nuestro mal, pero que Jesús ya lo ha vencido, es que nuestro Señor puede hacernos un doble llamado: (1) A estar confiados, es decir, a actuar con valor. Esto es, a tener la disposición para enfrentar las situaciones, con la seguridad de que hemos de triunfar. Las declaraciones de Jesús respecto al príncipe de este mundo, son el sustento para tal valor: “ha sido juzgado”, “será echado fuera”, “no tiene ningún poder sobre mí”. (2) A entrar en su paz. Uso el verbo entrar, porque la paz de Cristo es un estado, una condición. No tiene que ver con las circunstancias o las cosas que pasan, sino con aquel en quien estamos.

La paz de Cristo no es la ausencia del sufrimiento. Es el permanecer en él, el creer lo que él nos ha dicho acerca de su poder, acerca de nosotros y acerca de las cosas que vivimos. Sabedor de ello, el Apóstol Pablo invita: “No se aflijan por nada, sino preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle, y denle gracias también. Así Dios les dará su paz, que es más grande de lo que el hombre puede entender; y esta paz cuidará sus corazones y sus pensamientos por medio de Cristo Jesús”. Flp 4.6-7.

La ansiedad provocada por la oscuridad, desaparece cuando se hace la luz. Así, el poder del sufrimiento desaparece cuando se hace evidente la paz de Cristo. La invitación paulina a “no afligirnos”, es un llamado a no perder el equilibrio, a no desorientarnos. A permanecer firmes y fija nuestra vista en Jesucristo mismo. Crecemos en ello por medio de la oración fiel, constante y confiada. El resultado es el cuidado de nuestras emociones y pensamientos por nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. En otras palabras, creer y permanecer en la palabra de Cristo, nos hace más que vencedores, en medio de todas estas cosas. Ro 8.37.

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