En Memoria de mi Padre

El Dr. Manuel J. Gaxiola Gaxiola, fue llamado a la presencia del Señor el pasado martes 15 de julio. Su vida testifica de su amor a Dios, su espíritu de servicio y de su amor a los suyos y a los que hizo suyos, sus ovejas. Enfrentamos su partida con gratitud y llenos del gozo que él animó en nuestra vida. Su ausencia deja un vacío con el que habremos de vivir en esperanza.

Alguien dijo, en ocasión de la muerte de su padre: la luz de mi padre se apagó antes de que mis ojos se saciaran de ella. Y es esto exactamente lo que mi corazón siente en este momento. La ausencia de mi Padre crea un vacío que, estoy cierto, nunca podrá ser llenado y tendremos que aprender a vivir con tamaño hueco.

Mucho se ha diMJG telestaicho de mi Papá en las últimas horas. Hemos escuchado testimonios conocidos, y descubierto cosas que no sabíamos de aquel a qu
ien creímos conocer como la palma de nuestra mano. Cada persona ha enfatizado algo en particular de la memoria de mi Padre. Reiterando así que los recuerdos son selectivos porque hacen evidente la experiencia personal que cada quien ha tenido con la persona que recuerda.

Así que, permítanme atesorar en mi corazón lo que yo recuerdo de Papá y dejar que cada uno de ustedes recuerde lo que mejor resulte de su experiencia con Manuel J. Gaxiola. Así, en la intimidad de nuestros corazones construiremos el mejor memorial del hombre que nos ha marcado.

Uno de los personajes que menos me gustan de la Biblia es Jacob. Al estudiar su carácter descubro debilidades e incongruencias que me resultan conocidas. Jacob me recuerda a mí mismo. Pero, hay algo en ese hombre que me impresiona y me edifica, el hecho de que Jacob estuvo dispuesto a luchar con Dios de igual a igual. La suya fue una lucha de contacto, su sudor se mezcló con el del Señor, su piel estuvo pegada a la de su oponente. Lo que me edifica no es sólo esto, aunque recuerdo mis propias luchas con el Señor. Tampoco me edifica que haya vencido. Lo que me edifica es comprobar que todos aquellos que tenemos una relación íntima, plena, franca, con Dios, dejamos de ser quienes y lo que éramos para ser personas diferentes.

Jacob dejó de ser Jacob y se convirtió en Israel. Es decir, en el que luchó con Dios. Pero, quienes llamaban por su nuevo nombre, también veían en él algo que no habían visto antes: Jacob caminaba cojeando. Y, para no abundar mucho en el tema, déjenme destacar aquí que todos los que luchan con Dios resultan otros y llevan en sí mismos, y de manera evidente, las señales de tal lucha.

La vida es lo que es. Dios mismo es quien es. Inasible, no domesticable. ¡Cuánto nos gustaría poder domesticar a Dios! Hacer de él lo que nosotros quisiéramos que fuera. Lograr que toda su gloria y su poder respondieran al ritmo que nuestro pandero le marcara. Como el oso que mi Papá nos llevaba a ver y que no obstante su majestuosidad se mostraba dócil ante el gitano que lo poseía y lo hacía bailar al ritmo que él marcaba.

Pero Dios es el Señor y tiene su propia agenda y su propia manera de hacer las cosas. La otredad de Dios resulta siempre conflictiva. La relación con él siempre resulta desgastante. Sus formas de hacer, sus tiempos nos ponen a prueba. En este sentido, la relación con Dios siempre es lucha. Hay a quienes tal lucha les resulta inapetente, no deseada. Otros no le ven razón. Así que deciden renunciar a seguir en relación con Dios. Unos huyen, otros rechazan. Y Dios los respeta, les reconoce su derecho a elegir sus batallas. No los persigue. Y, pese a todo, los sigue amando.

Pero, la victoria está en el permanecer firme en el propósito de la relación con Dios. Jacob el timorato, el hijo de mami, se descubre diciéndole a Dios: si no me bendices, no te soltaré. Dios no resultó, todas las veces, lo que mi Padre esperaba. En no pocos casos Dios dejó a mi Padre, literalmente, colgando de la brocha. Yo lo vi llorar de frustración, lo vi cansado, decepcionado, desesperanzado. Pero, una y otra vez, lo vi rehacerse y retomar la lucha.

Respecto de la relación con Dios, y de la mía en particular, la propuesta de mi Padre es luchar hasta obtener la victoria. Esto implica el elegir someterse a Dios, reconocer su señorío, recordar siempre que él nos hizo y no nosotros a nosotros mismos. Recordar que si es Señor, es entonces nuestro dueño. Mi Padre descubrió la dignidad y la victoria del sometimiento voluntario de quien está dispuesto a abrazarse de aquel contra quien está luchando.

Arnoldo Krauz, hijo de otro gran hombre derribado por el Alzheimer, se pregunta cuándo fue que murió su padre realmente. Llega a la triste conclusión de que su padre murió cuando dejó de ser persona. Es decir, cuando su mente dejó de pensar, cuando ya no pudo más elegir por sí mismo. Cuando sus emociones se desvanecieron y su vida careció de sentido. Cuando leí a Krauz me identifiqué con sus angustias hijales. Mi lucha mayor no fue con el deterioro físico de mi Padre. Fui testigo y causante de su angustia cuando se dio cuenta que su mente se estaba yendo. A su propia incomprensión de lo que pasaba, añadí el daño de mi propia incomprensión y de la insensibilidad consecuente a lo que él estaba viviendo. Uno y otro nos dábamos cuenta que su identidad se desvanecía, que estaba dejando de ser el hombre de propósito que tanto nos enriqueció.

Hombre de propósito, hombre de proyectos. Papá fue un hombre de proyectos. Y sus proyectos fueron hombres, las personas. Discernió quienes eran aquellos a los que Dios llamaba al liderazgo de la iglesia. Los animó a salir de su confort, a dejar atrás tierra y parentela. Los enseñó a luchar con Dios. Aquí están algunos de estos hombres. Marcados por el espíritu de mi Padre. Él los lanzó, los provocó, los lastimó al presionarlos que dejaran de ser lo que eran y se convirtieran en lo que Dios quería que fueran para así servir a la iglesia.

Pero, si hombres fueron su proyecto fue porque la razón de su vida, el sentido de la misma, fueron las personas. Los redimidos y los que debían ser redimidos. Unos y otros han destacado el que mi Padre fuese el pionero en el mundo académico. Que abriera puertas, que fuera reconocido. Que animara en otros el que se prepararan. Pero, me temo que muchos no han visto que la academia y la superación intelectual nunca fueron un fin en sí mismas para mi Padre. Estas eran simples herramientas para servir mejor a la gente.

Yo creo que el principal aporte de mi Padre a muchos no fue su intelecto, ni su conocimiento. Fue su amor, fue su disposición de servicio. Para mi Padre lo importante eran las personas. Por eso fue amable –fácil de amar para muchos. A quienes sólo ven en mi Padre el Doctor en Teología. Pero, para mi Padre su doctorado sólo fue instrumento para servir mejor. Cuando lo obtuvo recibió ofertas para ingresar a la academia. En México, prestigiosas universidades le ofrecieron plazas para que ahí enseñara a otros. Muchas veces le reclamé que no aceptara tales ofrecimientos. Llegué a decir que no había fruto en que después de tantos logros siguiera de pastor en una congregación de gente ignorante.

Olvidaba yo que cuando le compartí los resultados de mi examen vocacional. Le pregunté qué pensaba de las recomendaciones que se me hacían. Él me dijo: Hijo, debes escoger aquello que te permita servir mejor a la iglesia. Al hacerlo me inoculó con su propósito. Compartió conmigo su vocación. Me enseñó, así, dos cosas: que la vida sin propósito no tiene sentido. Que vivir por vivir no vale la pena.

Pero, también me enseñó que ningún logro en la vida es valioso si se agota en sí mismo. Que lo único que da sentido y dimensión a lo que hacemos en la vida es la manera en la que ello contribuye en nuestra tarea de servir a los demás.

Hay a quienes la academia, la superación, los logros los alejan de las personas. Se convierten, como dicen que decía Carlos Marx, en simple mano de obra especializada. Enajenados por sus logros, por sus deseos y ambiciones. No fue el caso de mi Padre, la gente, insisto, fue la razón de su vida. Decidió que su propósito sería el propósito de Dios. Dejó de ser él para ser hacer lo que Dios le encargaba que fuera e hiciera.

A esto los invito. A que se resistan a hacer de su vida una constante entre la mesa y el excusado. Es decir, a que no imitar a los animales en el ciclo de comer para trabajar y trabajar para comer. Somos creados para mucho más que ello. Somos llamados a soñar los sueños de Dios. Sí, los de ese Dios al que no comprendemos. Pero, si sin comprenderlo lo servimos es como habremos de trascender. Llegará el momento en que entenderemos. Pero, entender no será necesario porque seremos como él es y estaremos en comunión perfecta habiendo alcanzado el propósito de nuestra vida.

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7 comentarios en “En Memoria de mi Padre”

  1. Hugo Espinoza C. Says:

    En Memoria de mi pastor…

    El Dr. Manuel J. Gaxiola fue mi primer pastor, y llego a mi vida en el momento indicado por Dios para rescatar a un adolescente del cual nadie podía esperar nada bueno, producto de una familia disfuncional que de no haber recibido el amor, cuidado personal (por que ahora los pastores son altos ejecutivos)y consejos del pastor Manuel Gaxiola seriamos parte de las estadísticas de las familias destruidas en nuestro país. En esos años de adolescente mi pastor me enseño con hechos que yo era importante para Dios, el me abrazo, me consoló y me guio a Dios junto con su esposa: mi querida Hermana “Yoyita”. Un siervo de Dios verdaderamente ocupado al cual fui conociendo poco a poco, un hombre serio, objetivo y muy sabio… eso lo descubrí el día que me confió que le ayudara a levantar su extensa biblioteca que estuvo un par de días en el suelo por el terremoto del 85, al ver una biblioteca personal de cientos de libros que había leído mas de una vez, comenzó en mi interior una profunda admiración por un hombre tan culto e importante en el área intelectual, que para el yo era un terreno fértil en el que valía la pena invertir su tiempo, amor y enseñanzas. Agradezco a Dios lo privilegiado que soy de haberlo conocido y de que mas de una vez me dijo con su voz enronquecida “hugonote”. La partida de mi pastor Manuel J. Gaxiola deja en mi corazón un dolor muy particular unos de esos sentimientos que no creo que sanen pronto.. en fin quizá Dios lo requería en el cielo para que apreciará junto a otros generales de Dios como la iglesia se sigue reformando en nuestros tiempos… quiero enviar un abrazo a toda su familia sin faltar ninguno de ellos. Mil gracias Dr. Manuel J. Gaxiola Gaxiola.

    Hugo Espinoza C.
    hespinoz01@yahoo.com.mx

  2. Angel Mendoza Rodríguez Says:

    MI BUEN ADONIRAM EN CARNE PROPIA HE SENTIDO EL QUE HAYAS PERDIDO A TU SEÑOR PADRE, QUIEN MERECE MIS RESPETOS AUNQUE NO LO CONOCI EN PERSONA, PERO TUVE LA GRAN SATISFACCION DE HABERTE CONOCIDO A TI, Y EN TI TU PAPA PLASMO SUS BUENOS SENTIMIENTOS, ORGULLOSO DEJO LA FAZ DE LA TIERRA, PERO TEN EN CUENTA QUE DESDE DONDE SE ENCUENTRA TE SEGUIRA PROTEGIENDO Y GUIANDO EN TODO LO QUE TU HACES POR LOS QUE TE RODEAN. CUANDO MI PADRE FALLECIO SENTI ESE HUECO EN EL PECHO, PERO NO EN MI CORAZON PUES SIEMPRE ESTARA CONMIGO, ASI TU PAPA, SIEMPRE ESTARA CONTIGO, DANDOTE FUERZA Y VALOR EN TODO LO QUE EMPRENDAS.
    RECIBE UN ABRAZO, Y ADELANTE.

    TU AMIGO.
    ANGEL MENDOZA RODRIGUEZ.

    • casadepan Says:

      Gracias, Ángel. Tienes razón, el recuerdo de mi Padre llena de alguna manera el vacío de su ausencia. Un abrazo

  3. Laura Cedillo Says:

    Querido Pastor Adoniram,

    Sentimos el dolor producido en su corazón por la partida de su amado padre y damos toda la Gloria y la Honra al único que produce en las personas obras y testimonios como el que nos comparte,
    Gracias damos ha Dios por la preciosa semilla que su padre sembró en su corazón, querido pastor, la cual ha sido de bendición en la vida de muchos otros incluida mi familia.
    Comparto con usted que la partida de nuestros Padres deja en nosotros un gran vacío con el cual aprendemos a vivir gracias a la permanente consolación y esperanza que nuestro amado Señor da a nuestro corazón.

    Oraremos a nuestro Dios por fortaleza y consolación para la vida de usted y su familia.
    En el amor de Cristo

  4. Milton René Ordóñez del Cid Says:

    Te he leído Pastor y me congratulo de que la luz de tu PADRE, por tu medio, nos alcance y nos ilumine, en alguna medida. No encuentro la manera de manifestar mi admiración y respeto hacia la memoria de él; pero creo que en “la lucha” y en aceptarla hay algo de homenaje a la labor de ambos. Un fraternal abrazo.


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