Enfrentándose al Miedo

Salmos 34.1-10

Alguien ha dicho que la generación actual es una generación movida por el miedo. Los individuos tienen miedo de sí mismos y miedo a las demás personas. Cada día tenemos más motivos para vivir con miedo. Tenemos miedo de lo que pasa y de lo que puede pasar: a nosotros, a los que amamos Sobre todo, tenemos miedo de lo que pasa en nosotros mismos: pensamientos, deseos, conflictos.

Por ello, muchos son los que se lanzan en la búsqueda de nuevas técnicas para huir de sus temores. Pero, casi siempre, hierran, y es que solamente tratan con los síntomas, con las consecuencias. Su acercamiento es, generalmente, superficial y abarca solo algunos aspectos de su vida y no resuelve las profundas necesidades del corazón. Solamente la Palabra de Dios habla directamente a las necesidades del corazón.

David escribe este salmo en medio de una crisis. Solo y desarmado se encuentra rodeado de enemigos. Tiene que fingirse loco en un esfuerzo para salvar la vida. “Fingiéndose loco escribía garabatos en las puertas y dejaba que la saliva le corriera por la barba”, dice el historiador bíblico. 1 S 22.12. David el rey, David el perseguido, David, el que está solo.

En tan peligrosa situación, David decide “bendecir al Señor”. La palabra bendecir tiene un significado particular: “arrodillarse”. Así, David decide, en la situación en que se encuentra, arrodillarse ante el Señor. Es decir, reconocer a Dios como el Señor y ampararse bajo su autoridad.

En reconocimiento al señorío divino, y al poder que Dios tiene para gobernar en medio de la tormenta, David recurre a Dios. Salmos 29.10 Este término es bien interesante, significa tres cosas: (1) Acudir a un juez o autoridad con una demanda o petición. (2) Acogerse en caso de necesidad al favor de alguien… (3) Dicho de una cosa: Volver al lugar de donde salió.

Creo que el recurrir de David abarcó tales tres cosas. El resultado es la emergencia una realidad inesperada, misma que le lleva a decir: “me libró de todos mis temores”. Quienes conocemos la historia, sabemos que las circunstancias de David no cambiaron significativamente en el corto plazo. Pero, también sabemos que hubo un cambio significativo en David mismo y ello lo colocó en el inicio de su camino a la victoria.

Ahora bien, Pablo asegura que toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para nuestra edificación. ¿Qué podemos aprender de la experiencia de David? ¿Qué nos dice el Salmo 34? Podemos encontrar que David hace dos cosas que posibilitan la actuación poderosa de Dios.

Expone a Dios su realidad. Lo hace honesta y claramente. David ha aprendido, cuando se encuentra ante el rey de Gat, Aquis, que si ante los hombres se justifica que aparente ser lo que no es; ante Dios no hay necesidad de ello. Por tal razón, David recurre a Dios, reconoce su pobreza, confiesa sus temores y grita sus angustias.

Se apropia del poder de Dios. Sabe que el ángel del Señor, Dios mismo, protege y salva a los que le honran. La Biblia dice que es necesario que quien busque a Dios, debe creer que existe y que recompensa a los que lo buscan. Hebreos 11.6. El pensamiento gobernante que dirige los pensamientos y acciones de David es la seguridad de la gracia divina. No su necesidad, no su derecho, sino la misericordia favorable de Dios hacia él. Por lo tanto, David confía al ver las cosas desde una nueva perspectiva, la que resulta de su saberse contenido en y por el poder de Dios.

Cuando David ha dado estos dos pasos, entonces da a Dios la oportunidad para que él actúe graciosamente.

Dios fortifica a quienes confían en él. David descubre que Dios, protege y salva a los que honran al Señor. O, como dice, Reina-Valera, que el ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen, y los defiende. Es interesante notar el término escogido por David: acampa. Este se refiere al acto de detenerse y permanecer en despoblado. Lo que David dice es que, Dios, actúa en su favor ahí donde no hay nada que pueda librarlo o protegerlo. Es decir, que Dios fortifica, construye un cerco alrededor de los suyos y los defiende.

Los temores limitan, destruyen y terminan por amargar a quienes los padecen. Impiden el desarrollo de nuestras capacidades y el logro de nuestros sueños. También nos alejan de los que amamos y terminan por aislarnos, aún cuando permanecemos entre los que nos aman.

Por gracia de Dios, somos amados por él y su perfecto amor, dice su Palabra, hecha fuera el temor. Las circunstancias que vivimos son un espacio excepcional para que el amor de Dios se manifieste en nuestra vida. Él nos ama, irremediable e incondicionalmente. Y, en su amor, viene a nosotros para estar en comunión.

¿Querrás en las circunstancias que actualmente vives, dar una oportunidad al amor de Dios?

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