Ellos no pertenecen a este mundo

Juan 17.9-19

Este es uno de mis pasajes favoritos. Forma parte de la oración de Jesús por sus discípulos. Además de que resulta relevante por el hecho mismo de su extensión (más de 600 palabras, según NTV), el mismo resalta la preocupación que el Señor expresa de distintas maneras por la permanencia de sus discípulos, y sus seguidores futuros, en la fe. Jesús ora pidiendo al Padre que haga todo lo que sea necesario para mantener la comunión hasta ese momento lograda por su vida y así como la realidad de su presencia entre ellos. La razón de tal preocupación resulta del hecho de que al igual que Jesús vino al mundo, él envía a los suyos al mundo y con ello los coloca en una condición de riesgo puesto que, al no ser del mundo, tendrán que enfrentar el odio del mundo.

En la oración preocupada de Jesús se hace evidente el que la vida cristiana, es decir la vida al estilo de Cristo, es una forma de vida diferente a la de quienes no creen ni sirven al Señor. Pero, no sólo es diferente, es contestataria, es decir: Que polemiza, se opone o protesta, a veces brusca o violentamente, contra algo establecido. Para entender mejor esto debemos considerar que el término mundo, usado por Jesús, kosmos, se refiere primariamente a un orden, una manera de ser de las cosas, de la vida. Al usar tal término, Jesús se refiere al orden que Satanás, el príncipe de este mundo, ha establecido entre los hombres y que se contrapone al orden, el Reino, de Dios. Los cristianos, testigos de Cristo entre los hombres, resultan agentes de disolución del orden establecido convirtiéndose así en enemigos del mismo y, por lo tanto, en objeto de persecución de parte de quienes no hacen suyo el orden de Dios.

En el inicio de su oración el Señor hace una especie de exposición de motivos que fundamenta su razón de ser. Ha venido, dice, para dar vida eterna a cada uno de los que el Padre les ha dado. Explica que la vida eterna consiste en el estar en comunión con Dios, por medio de Cristo. Es decir, Jesús se refiere al interés, propósito y quehacer divino en el rescate de quienes al estar bajo el orden del diablo están muertos en sus delitos y pecados. Efesios 2.1,2 Jesús es la más grande expresión de tal interés divino y, al mismo tiempo, el instrumento más poderoso para deshacer las obras del diablo. 1 Juan 3.8

Jesús se distinguió por la convicción de su identidad y por su sentido de misión. Ello le llevó a asumir que la lucha, el dolor y el sufrimiento resultaban inherentes a su ser y a su tarea. A Pilato Jesús le asegura: En realidad, yo nací y vine al mundo para dar testimonio de la verdadJuan 18.37  Y, cuando estaba próximo a enfrentar su sacrificio y muerte se pregunta: Ahora mi alma está muy entristecida. ¿Acaso debería orar: “Padre, sálvame de esta hora”? ¡Pero esa es precisamente la razón por la que vine! Juan 12.27 Como podemos ver, a Jesús la realidad del sufrimiento aparejado al cumplimiento de su tarea no le llevó a renunciar a la misma. De Jesús podemos decir que fue fiel hasta el extremo de la muerte.

Ahora bien, la oración de Jesús se convierte en un pase de estafeta, como los corredores de relevos lo hacen, a nosotros sus discípulos. Preocupado por lo que les esperaba, Jesús, ni busca que Dios encuentre una forma alternativa de cumplir su propósito ni libera a sus discípulos de la tarea que les ha encomendado. En el plan de Dios, ante el hecho de la ausencia terrenal de Jesús, toca a sus discípulos, a nosotros, continuar la tarea que nuestro Señor empezara. Nos toca dar testimonio, hacer evidente y extender el orden de Dios entre el orden del diablo. Nuestra tarea, nuestra razón de ser, es hacer discípulos de Cristo. Mateo 28.28ssMarcos 16.14ssHechos 1.7,8 Puede sonar a herejía, pero no lo es, nosotros somos el Cristo presente en nuestro aquí y ahora.

Al ser llamados a cumplir tal tarea somos llamados a vivir en conflicto no en paz. Por un lado, al convertirnos a Cristo hemos atraído la ira del diablo en contra nuestra. Satanás no ha renunciado a nosotros y sigue tratando de atraernos y atraparnos. 1 Pedro 5.8 Al no lograrlo, nos ataca y busca nuestra destrucción. Efesios 6.10ss Ignorar o menospreciar esta realidad nos hace más vulnerables y aumenta nuestro riesgo. Pero, podemos identificar muchos de los ataques espirituales precisamente en la presión que quienes están a nuestro alrededor, y hemos considerado como nuestros referentes (familia, amigos, modelos, héroes de vida, etc.), ejercen para que renunciemos al orden de Dios y nos sometamos al de Satanás. 1 Pedro 4.4 Estas presiones, estos ataques, y aún persecuciones, no son sino reproches, críticas que tienen como propósito el reventar nuestra fe en la gracia recibida.

Pero, poco impacto tendrían tales ataques si no hubiera dentro de nosotros una atracción latente y en favor del orden de este mundo. No es fácil ser diferente ni vivir de una manera distinta a quienes nos rodean. Lo que vemos, lo que escuchamos, produce inquietudes, dudas, confusiones… y deseos. No resulta extraño que el creyente se pregunte ante lo que ve, lo que parece ser, si no será él, y no los otros, quien esté mal. De hecho, esta es la lucha de los salmistas. Asaf, por ejemplo, confiesa: Pero en cuanto a mí, casi perdí el equilibrio; mis pies resbalaron y estuve a punto de caer, porque envidiaba a los orgullosos cuando los veía prosperar a pesar de su maldadSalmos 73

Me parece que a Jesús le preocupa más lo que pasa en el corazón de los suyos que el poder del ataque del enemigo de nuestras almas. Digo esto porque Jesús asume la lucha espiritual como un elemento inherente al llamado de Dios. De hecho, el Eclesiástico (2.1), advierte: Hijo mío, si tratas de servir al Señor, prepárate para la prueba. Fortalece tu voluntad y sé valiente, para no acobardarte cuando llegue la calamidad. Advertencia que recoge 1 Pedro 4.12Queridos, no os asombre como algo inesperado la tremenda prueba desatada contra vosotros.

Quizá alguno de ustedes se pregunte por qué me ocupo de este tema. La razón es sencilla, nosotros somos llamados para vivir al estilo de Cristo, independientemente de las dificultades y los sufrimientos que ello implique. Somos llamados a resistirnos a la tentación de amar a este mundo, a este orden contrario al propósito y la voluntad de Dios. 1 Juan 2.15,16, advierte la seriedad y la importancia de que nos propongamos no amar a este mundo. Como sabemos, la cultura dominante exhibe y promueve el amor al mundo, al convertir en valores lo que no son sino antivalores: el hedonismo, el consumismo, la adicción al poder que resulta de las riquezas, etc.

Mientras más nos parecemos a quienes no son de Cristo, más perdemos. Mientras más populares, más admirados, mientras más aceptados debemos preguntarnos si ello se debe a que menos diferentes estamos siendo. Evangelizar no consiste en dar, prometer o multiplicar más de lo que tienen quienes no tienen a Cristo. Quien sigue a Cristo debe vaciar sus manos para que sean llenadas por la novedad de Cristo. Como aquel joven a quien Jesús le animó a que se deshiciera de todo lo que tenía para recibir lo que Cristo tenía para él. Marcos 10.21

Ser diferente cuesta, pero es, sobre todo, un privilegio. Somos diferentes por causa de Cristo y por ello contamos con el amor, el poder y el cuidado de nuestro Padre. Es en Dios en quien encontramos el poder y la capacidad para ser luz en medio de las tinieblas y sal en medio de la descomposición que nos rodea. Por la gracia, como individuos y como iglesia, somos alternativa de salvación para aquellos que, por nuestro testimonio, se interesan en volverse al Señor para gozar de su salvación y de la vida eterna.

Nosotros somos diferentes y debemos mantenernos así si queremos estar en condiciones de compartir a Cristo, hacer eso que llamamos hacer discípulos: evangelizar y acompañar en su crecimiento espiritual a quienes vienen al Señor. A permanecer en comunión con Cristo, a asumir que somos diferentes y a estar dispuestos a hacer nuestro el sufrimiento que de ello resulta y aún así permanecer fieles es que somos llamados.

A esto los animo, a esto los convoco.

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