No Tengas Miedo

Mateo 1.20

La expresión: no tengas miedo, parece ser el refrán de la primera Navidad. Zacarías, María, José y los pastores, todos ellos personajes centrales de tal acontecimiento, escuchan a los ángeles decirles: “no tengas miedo”. Resulta una especie de introducción al anuncio del quehacer extraordinario de Dios en sus vidas. Tiene sentido en relación con el evento que impacta a aquellos a quienes Dios se revela de manera extraordinaria: los deja mudos, termina con su esterilidad, anuncia un embarazo inesperado, le revela que la novia está embarazada de otro, se encuentran ante un espectáculo de ángeles cantando y alabando a Dios, etc. Pero, también tiene sentido porque los eventos del momento son anuncio de lo que viene: cosas que nunca han visto ni oído. Los eventos desencadenan una serie de circunstancias novedosas que transformarán por completo el resto de sus vidas y las de sus descendientes.

En este sentido, tal invitación parecería un contrasentido. En el momento en que se les comunica la inminente y radical transformación de sus vidas, dado el especial quehacer de Dios en ellos, se les advierte: pero, no tengas miedo. En otras palabras, se les dice: atención, Dios se dispone a alterar tu vida; va a hacer en y por medio de ti, cosas nunca antes vistas… pero no tengas miedo.

Es la consideración integral, de la totalidad del mensaje bíblico, lo que nos permite entender tal aparente contradicción. El temor, el miedo, el fobeo, esa necesidad de salir corriendo, aparece en la historia de la humanidad como la consecuencia directa de la ausencia de Dios en la vida de las personas. El miedo se origina no el actuar presente de Dios, sino en la ausencia divina, es el resultado del distanciamiento provocado por el pecado entre Dios y el hombre. Ante el actuar sobrenatural de Dios, se llenan de miedo aquellos que no lo conocen bien. O, como suele suceder entre los creyentes, resulta de la no comprensión, y de la confusión consecuente, de lo que Dios ha estado haciendo y dejado de hacer.

Por eso, los ángeles al anunciar la presencia activa de Dios en la vida de Zacarías, de María, de José y de los pastorcillos, les indican que ha llegado el tiempo de dejar de tener miedo, porque Dios se está haciendo presente en sus vidas. Lo que los ángeles dicen es que los hechos extraordinarios que Dios se dispone a realizar, son manifestaciones plenas de su amor activo, concreto y relevante en sus vidas. Los ángeles anuncian que el silencio de Dios se ha acabado, que su pasividad ha llegado a su fin. Que Dios está revelando e inaugurando una nueva circunstancia para la humanidad. Todo ello, porque los ama. Entonces, ya no hay más lugar para el temor porque, como bien sabemos, el amor echa fuera el temor.

El nacimiento de Jesús significa el inicio de una nueva forma, de un nuevo modelo de vida. Jesús hace posible una nueva manera de relacionarnos con Dios y, por lo tanto, una nueva manera de hacer la vida. Cuando Jesucristo se hace presente en nosotros, nuestra vida no puede, ni tiene por qué, seguir siendo la misma. Pero no sólo eso, el que Jesús ha nacido, significa que los que hemos nacido de él y por él, andamos en novedad de vida. Gracias a Jesús se nos ha dado la cualidad de andar en él, de ser renovados constantemente y así estar en condiciones de seguir a Dios en las cosas extraordinarias que él se ha propuesto hacer en y al través de nosotros. Todo ello porque Jesús posibilita: facilita y hace posible aquello que, sin él, nos ha resultado dificultoso y arduo. De manera simple podemos decir que Jesús nos da las herramientas para que como individuos y como una comunidad, podamos vivir en armonía, haciendo lo bueno y generando y participando de relaciones sanas y fructíferas. Es decir, que seamos agentes de cambio capaces de generar los cambios positivos que los individuos y la sociedad toda requieren.

La celebración de la Navidad se une a la del Año Nuevo. Esta doble celebración es una especie de parteaguas que nos recuerda que el sentido de nuestra vida no depende de la manera en que hemos vivido, sino de que vivamos la novedad de vida que Jesús hace posible. Estoy convencido de que Dios sigue actuando de manera extraordinaria y que sigue afectando la vida de los hombres. La vida de nosotros. Nos llama y nos lleva a circunstancias y eventos nunca antes imaginados, siquiera. Y hoy, la realidad presente del niño Salvador del mundo, nos dice: no tengas miedo. Ahí donde estás, en las circunstancias en las que te encuentras; ahí adónde vas, animado por el Espíritu de Dios, en esas circunstancias que desconoces, no tengas miedo. Sé valiente, esfuérzate, persevera en el bien que estás haciendo. Porque Dios ha oído tus oraciones; porque tú gozas del favor de Dios. Porque hoy, a miles de años de que Jesús naciera, se nos sigue anunciando una buena noticia: no tengas miedo porque Dios está contigo y el poderoso de Israel está en medio de ti.

Hoy, a ti, en tus particulares circunstancias, el Espíritu te dice: no tengas miedo.

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