El salmista, ansioso de la presencia y comunión divinas, no quiere que haya nada que lo separe de su Señor, ni palabra ni pensamientos. Su oración es que estos sean aceptables, gratos. No le basta con que sus palabras –lo evidente-, sean aceptables; necesita que sus pensamientos también lo sean. Es el deseo de un hombre sensible, es el deseo de un hombre en comunión con Dios, para quien conservarse así resulta lo más importante de su vida. Que sea este nuestro propósito, que sea esta nuestra búsqueda; que Su comunión sea la razón de ser de nuestra vida.
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