Los leprosos eran gente maldita en el pueblo de Israel. Más que una enfermedad física, era considerada una enfermedad ritual. Por lo tanto, el leproso estaba excluido de la sociedad y no podía participar de las actividades religiosas. Era un paria, excluido de la comunidad y siempre sujeto a la sospecha de ser un gran pecador a quien Dios castigaba de tan horrible manera.
Podemos comprender el carácter de aquel hombre. Desechado y temido, objeto de la burla y el menosprecio de los demás. ¿Cuántas veces se habrá acercado a alguien pidiendo ayuda, siendo rechazado? ¿Cuántas veces habrá esperado que, quien podía hacerlo, lo ayudara en alguna forma y vio cómo se le negaba la ayuda?
Comentarios