Ana y María también nos edifican a quienes no somos mamás, Ana y María muestran la gran diferencia existente entre el valernos de alguien o de algo para llegar a ser y el fructificar en conformidad con lo que somos. Como Ana necesitaba hijos para ser, no pasó de ser mamá. Por eso conviene considerar que la medida de nuestro desarrollo como personas siempre está determinada por aquello que reconocemos como la fuente de nuestro crecimiento. A final de cuentas, no puedes ser más que aquello que te hace ser.
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