Las finanzas familiares, como la dinámica familiar toda, no son una cuestión de recetas. Requieren de discernimiento integral, mismo que empieza por la dimensión espiritual de los asuntos familiares. El Espíritu de Dios libera, fortalece y guía a las parejas que están atrapadas en los pantanos financieros, desde luego. Pero, la acción del Espíritu no excluye la reflexión, el trabajo, ni la adquisición de los conocimientos indispensables para una correcta generación y administración de los recursos familiares.
En estos asuntos empecemos primero por lo primero. Que nadie diga esto es mío, pues todo es de Dios. Y si nosotros lo hemos recibido es para que lo administremos para su gloria, pero también, de manera fundamental, para el bien de nuestra familia y de aquellos a quienes el Señor nos ha llamado a servir con lo que hemos recibido.
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