Cada quien es esclavo de lo que lo domina. Y el esclavo hace lo que le mandan, ninguna otra cosa Nuestra opción no es si somos gobernados por fuerzas externas o no, solo podemos elegir entre a quién hemos de entregar el control de nuestra vida.
Quienes son animados, gobernados, por el Espíritu de Dios fructifican para bien. De ahí la necesidad de que añadamos a nuestra fe, virtud y conocimiento, el dominio propio. Es decir, la disposición para que Dios sea nuestro Señor.
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