El Espíritu Santo los Guiará a Toda Verdad

Juan 16.4-15

Cuando las personas deciden que sólo es real aquello que pueden ver, oír, medir y, sobre todo, entender, limitan el sentido último de la vida y terminan por acotar su propia vida. Es decir, terminan por cortar aquellas ramas que, pretenden, no tienen por qué permanecer en su árbol, las podan y acaban por privarse a sí mismos de los beneficios que tales recursos pudieran significarles. David Herbert Lawrence, representa bien a quienes así piensan cuando asegura: Lo que los ojos no ven y la mente no conoce, no existe.

Cuando se va por la vida asumiendo que sólo es real aquello que se puede comprender humanamente, uno deja de considerar la realidad y la importancia de las cuestiones espirituales. Ya que estas no siempre se ven, ya que no resultan humanamente comprensibles, se pretende que no existen y que, por lo tanto, no han de tomarse en cuenta. La Biblia, sin embargo, nos recuerda que en nuestro quehacer cotidiano no estamos luchando contra poderes humanos, sino contra malignas fuerzas espirituales del cielo… Efesios 6.12ss DHH Fuerzas que, por cierto, no resultan irrelevantes por cuanto tienen mando, autoridad y dominio sobre el mundo de tinieblas que nos rodea.

La negación de la realidad espiritual, tiene como consecuencia inmediata el desconocimiento de la misma. Es decir, del no conocer lo relativo a las cuestiones espirituales, su qué, su cómo, su cuándo, su dónde, su con quiénes. Aunque lo espiritual sea reales y se haga presente, se manifieste, las personas que han optado por negar lo espiritual, simplemente no saben qué hacer ante tal realidad manifiesta. Por lo tanto, son incapaces de vencer las adversidades que tienen su origen en el mundo espiritual y no solamente en el mundo de lo natural, de lo humano. Bien dice Pablo: El que no es espiritual no acepta las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son tonterías. Y tampoco las puede entender, porque son cosas que tienen que juzgarse espiritualmente. 1 Corintios 2.14

Limitados por nuestro pecado y por nuestro desconocimiento en materia de las cuestiones espirituales quedamos expuestos al engaño y al error. Dada nuestra incapacidad para entender lo espiritual, tampoco somos capaces para saber lo que necesitamos, lo que conviene que hagamos y hacia dónde dirigirnos en el terreno de la espiritualidad. Ello explica la confusión de muchos que buscan en el ocultismo, la magia y las propuestas paranormales la respuesta a sus incapacidades. Terminan, no sólo más confundidos, sino siendo esclavos de los poderes espirituales en los que buscaron ayuda. Se cumple en ellos el propósito del enemigo de nuestras almas, que no es otro sino despojarnos, matarnos y destruirnos.

Nuestro Señor Jesús, sabedor de la vulnerabilidad de los suyos ante los poderes espirituales y sabiendo que el tiempo de su partida se acercaba, reveló tanto el interés divino como la forma en que este se hace evidente. Dios está interesado en protegernos del poder de Satanás. Para ello vino Cristo, para destruir las obras del diablo. Pero, Dios también está interesado en guiarnos para que, en el ejercicio de nuestra identidad, de nuestro libre albedrío, sepamos elegir lo que es mejor para nosotros y, desde luego, lo que el Señor ha establecido como lo bueno.

Al respecto, nuestro Señor Jesús asegura que, ante el hecho de su partida, el Padre ha dispuesto enviar al Espíritu santo para que este los guíe a toda verdad. Juan 16.13 La traducción La Biblia al Día, lo dice de esta manera: Cuando venga el Espíritu Santo, él les dirá lo que es la verdad y los guiará, para que siempre vivan en la verdad.

Es un hecho que nosotros necesitamos conocer el fondo del asunto, el color original de las cosas. Por ello es que necesitamos ser llenos del Espíritu Santo. Quien no es otro, sino Dios mismo morando en nosotros y actuando al través de nosotros. Sólo cuando el Espíritu Santo está en nosotros, guiando nuestra mente, discerniendo nuestros pensamientos, alumbrando nuestros ojos, es que podemos entender con certeza lo que la vida es y aquello que estamos enfrentando. Quien no tiene el Espíritu Santo, está ciego y resulta incapaz de saber por dónde y hacia dónde se dirige en la vida. Pero, quien tiene la luz de Cristo en su corazón puede juzgar espiritualmente todas las cosas. Efesios 4.23

La conclusión de lo aquí expuesto no puede ser otra sino que necesitamos ser llenos del Espíritu Santo. Que no podemos hacer la vida adecuadamente, si Dios no habita, por su Espíritu, en nuestra mente y corazón. Iniciamos, por lo tanto, el camino que habrá de conducirnos, como congregación, a la llenura del Espíritu Santo. Anhelamos ser guiados en el todo de nuestra vida por el Espíritu de Dios y, desde luego, necesitamos el poder resultante del bautismo del Espíritu Santo.

Jesús nos asegura que el Padre dará su Espíritu Santo a todo el que se lo pida. Tarea nuestra, y a ella hemos de consagrarnos, es el pedir que dicha promesa se cumpla en nosotros. Vivamos, entonces, de tal manera que nuestra forma de vida sea, en sí misma, la súplica que elevamos a Dios pidiendo que nos llene con su Santo Espíritu.

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