Publicado 29 enero, 2012 por Pastor Adoniram Gaxiola
Categorías: Amor de Dios, Confianza, Fe

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Salmos 73; Romanos 8.28ss

Uno de los privilegios de nosotros los pastores es que ustedes, con sus familias, son compañeros frecuentes de nuestros días y habitantes comunes de nuestros pensamientos. Pensamos en ustedes, nos preguntamos por su vida, oramos por los problemas que conocemos pidiendo fortaleza, sabiduría y dirección y, desde luego, consuelo para cada una de nuestras ovejas.

Sin embargo, debo confesar, a veces la fe, mi conocimiento de la Palabra, mi experiencia pastoral, no parecen suficientes en el ánimo de servirles y apoyarles en su caminar diario. Quizá esto no sea sino el reflejo de mi propia confusión, sorpresa y tristeza ante las situaciones, ¿cada vez más extraordinarias?, a las que la vida nos enfrenta.

No se trata sólo de las noticias que los periódicos nos acercan en el día a día. O del incremento de la violencia intrafamiliar, o el número creciente de divorcios –con su consecuente cauda de soledad, pobreza, amargura, etc.-, de la violencia callejera contra las mujeres, el alcoholismo y otras adicciones; en fin, tantas cosas que parecen tan lejanas y, sin embargo, cada día tocan a nuestra puerta o, de plano se meten en nuestras vidas sin siquiera avisar ni, mucho menos, pedir permiso.

Se trata, también, de las tragedias, las tristezas y los retos que enfrentan los que amamos. De la confusión, el enojo y la impotencia que se apoderan de nuestros cercanos cuando la vida parece ensañarse quitándoles aquello que más aman, que más importante les resulta.

En tales situaciones surgen, dolorosas, preguntas tales como: ¿Qué es lo que permanece en la vida? ¿Hay alguna garantía de bien? ¿Hay alguna posibilidad para la paz, para la felicidad?

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Hagan Como Yo les He Hecho a Ustedes

Publicado 22 enero, 2012 por Pastor Adoniram Gaxiola
Categorías: Servicio Cristiano

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Juan 13.1-17

Alguna vez, el Señor Jesús comparó a los que estudian sabiamente las Escrituras con un padre de familia que “de lo que tiene guardado saca cosas nuevas y cosas viejas.”[i] Así, al acercarnos una vez más, y fuera del tradicional entorno de la Semana Santa, a este pasaje lo hacemos con el propósito de recordar lo ya sabido y aprender lo que el Señor ahora nos revela.

Empecemos por el final. Después de haber lavado los pies a sus discípulos el Señor procede a enseñarles el significado de tal acción. Lo hace ordenándoles que le imiten en su disposición de servir al prójimo, y termina su exhortación con una declaración críptica, misteriosa: la felicidad, la dicha de los discípulos depende de que ellos entiendan estas cosas y las pongan en práctica.

Obviamente, cuando el Señor se refiere a las cosas que hay que entender y poner en práctica, no se trata, en estricto sentido, del mero acto de lavarles los pies. Más bien, el Señor se refiere a un nuevo modelo de relación entre sus seguidores, mismo que les ha de distinguir respecto del cómo se relacionan entre sí los que no lo conocen, pero, sobre todo, que ha de evidenciar el espíritu que les mueve.

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Perdona, Señor, mis Faltas Ocultas

Publicado 15 enero, 2012 por Pastor Adoniram Gaxiola
Categorías: Amor de Dios, Confianza, Esperanza

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Salmos 19

Es este un hermoso salmo. En cierta manera es un salmo integrador. Une el todo de la Creación, con la hermosura y el poder de la Palabra, teniendo la comunión del hombre con su Señor como el propósito sustentador de todo lo que existe. En este salmo podemos ver el amor de Dios y la necesidad ansiosa del hombre que lo ama por gozar de su aceptación y comunión.

Una vez más nos encontramos ante un salmista sensible. El testimonio de la grandeza de Dios y de su incomparable poder, lleva al escritor sagrado a preguntarse respecto de su propia condición. El carácter de Dios siempre resulta contrastante del carácter del hombre. Sea que el primero se manifieste en las obras de su Creación, o en la riqueza y el poder de su Palabra, siempre contrasta, hace evidente, la naturaleza y condición del ser humano.

Sin embargo, para cada persona en particular, el elemento clave para tal contraste es, precisamente, la sensibilidad de la misma. Sólo quienes como resultado de su búsqueda amorosa de Dios ansían su presencia, pueden darse cuenta de lo que les une y de lo que les separa de Dios.

Tal el caso del salmista. Es una persona temerosa de Dios. Goza de su comunión con el Señor. La Palabra ha cumplido su propósito en él: le ha dado nueva vida, le ha hecho sabio, ha traído alegría a su corazón, ha dado luz a sus ojos, ha generado un temor limpio que permanece para siempre. ¿Qué más puede necesitar el salmista para estar en comunión perfecta con su Señor?

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